La noche avanzó entre silencios tensos. Cassian se acomodó en un extremo de la cama, apoyado contra el cabecero, los brazos cruzados. Katherine permaneció en el otro extremo. La distancia era corta, pero se sentía como un abismo lleno de electricidad.
En la penumbra, ella pudo verlo de reojo. La línea dura de su mandíbula, las cicatrices en su torso, el brillo de sus ojos clavados en el fuego. Era un macho peligroso, un depredador en calma.
Y ella había hecho un trato con él.
Katherine permanec