Capítulo 31 — Una Tormenta inesperada
El amanecer se había teñido de carmesí, un color violento que reflejaba la tormenta desatada en el espíritu de Daren. La agonía del Sello de Sangre, que le había reventado en el pecho la noche anterior, había cedido momentáneamente, dejando tras de sí un vacío tan frío y completo que se sentía como una amputación. El Alfa yacía de nuevo en el frío suelo de su habitación, donde había caído durante la deflagración del lazo, jadeando y empapado en sudor.