Capítulo 32 — La Sombra del Vástago y el Juego de la Luna
Y mientras tanto a kilómetros de la cabaña de Morwen, en el apartamento situado en el corazón de la ciudad humana, Lyra dormía. No era un sueño ligero, sino un sopor profundo, de esos que reordenan el alma. El acto de la marca Vástago había sido un bautismo de fuego, una fusión de esencias que reescribiría su naturaleza.
Cuando Lyra despertó, la sensación en su pecho era de una plenitud absoluta y aterradora. El vacío que Daren le había infligido se había llenado con una fuerza antigua y vibrante. Intentó invocar a su loba, pero el aullido que resonó en su mente era un híbrido: fuerte, protector, pero teñido de una oscuridad fría, casi metálica. Su vínculo con la Diosa Luna, que antes la había sostenido, ahora se sentía distante, como si la marca de Elián la hubiera colocado bajo un cielo diferente, donde el sol nunca se ponía por completo, pero la luna era una aliada silenciosa e inmensa.
Lyra se incorporó y notó el cambi