Capítulo 40 — La trampa del Alfa
El aire en el Enclave de los Renegados era un compuesto de azufre, pino quemado y la esencia fría de los inmortales. Aunque el refugio de Malakai prometía seguridad frente a las leyes del Consejo, la atmósfera se sentía como una cuerda tensada al límite de su resistencia. La mañana siguiente a su llegada, el sol apenas lograba perforar la densa bruma que ascendía desde los desfiladeros, bañando las estructuras de piedra en un gris fantasmal.
Lyra se despertó