Capítulo 29 — La onda de choque
El silencio que siguió al Sello fue más profundo que cualquier quietud. Lyra estaba inmóvil, sintiendo el flujo de la esencia de Elián estabilizarse en su propia sangre. La marca no era visible como una herida, sino como una sensación interna: una oleada de poder frío que se asentaba en su núcleo de loba. El lazo no era solo un sentimiento, ahora era una fusión de naturalezas, un pacto de sangre que había reescrito su destino.
Elián se separó lentamente, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de posesión antigua y profundo amor. Lamió la pequeña herida en el cuello de Lyra, curándola al instante. Para él, el acto había sido un juramento que resonaría por toda la eternidad, un desafío directo a los clanes que una vez le quitaron lo que amaba.
—Ahora eres mía, Lyra —susurró, con su voz cargada de una emoción que rara vez se permitía. No era una posesión tiránica, sino una promesa de protección—. Nadie podrá reclamarte. Esta marca te protegerá. Soy y