Capítulo 28 — El Ancla de la Eternidad
Las semanas se habían derretido en una secuencia de días tranquilos y noches intensas, estableciendo un ritmo que Lyra no había conocido jamás. El temor ancestral, aquel eco del rechazo y la huida, se había disipado casi por completo, siendo reemplazado por la certeza de un lugar seguro —y no era precisamente un sitio físico —Su vida en la ciudad humana, con la universidad y el trabajo, era la fachada; la realidad, el núcleo de su existencia, se encontrab