Los años en la ciudad fluyeron con la cadencia de una marea eléctrica, constantes e indiferentes a los corazones que latían en su interior. Pero para Aeryn, el tiempo no era un verdugo, sino un compañero silencioso. Como hija de un Vampiro Ancestral, su biología desafiaba la erosión de las décadas. Mientras las modas cambiaban y los edificios se volvían reliquias de una era de control obsesivo, el rostro de Aeryn conservaba la misma lozanía que el día en que el Gran Árbol fue salvado. Sin embar