El funeral de Adrian Valerius no se pareció a nada que el Enclave hubiera visto jamás. No hubo desfiles militares ni honores de acero. Lo sepultaron bajo la sombra protectora del Gran Árbol, en un lecho de flores blancas que solo se abrían durante los eclipses. Elyan pronunció las palabras de despedida, reconociendo al hombre que, siendo el enemigo, se convirtió en el escudo. Kaelen, en un gesto de respeto silencioso, colocó sobre la tumba un amuleto de hueso tallado.
Pero Aeryn no escuchó las