Capítulo 27 — Dos mundos enfrentados
La noche caía lentamente sobre la casa de la manada, tiñendo de rojo y oro los jardines y los ventanales de la gran sala. Daren permanecía de pie, con los hombros rectos y la mandíbula tensa, mientras observaba el territorio que le pertenecía desde el balcón. La ausencia de Lyra seguía pesándole, era un vacío que ninguna presencia podía llenar. Selene, siempre a su lado, intentaba disimular la impaciencia y la incertidumbre detrás de una sonrisa elegante, pero sus ojos dorados brillaban con un brillo calculador.
—No puedo soportarlo más —murmuró Daren, la voz baja, cargada de una intensidad que hacía temblar el aire—. Mi compañera destinada… no puede permanecer fuera de mi alcance. No más.
Selene apartó la mirada, cruzando los brazos.
—¿Y qué piensas hacer? —preguntó, fingiendo calma, aunque su tono traicionaba tensión—. ¿Enviar a tus gamas a buscarla?
Daren la miró con frialdad.
—Ya lo he hecho. Y cuando la encuentren, volverá conmigo. No importa