Capítulo 44 — El Réquiem de las Sombras
El aire en la Cripta del Primer Vampiro se volvió irrespirable. La llegada de Malakai y sus guerreros había convertido el santuario en un matadero. El choque de acero, los rugidos de los cambiaformas y las explosiones de magia de sangre resonaban contra las paredes de piedra negra. Pero los Ancianos, previendo una traición o una interferencia, revelaron su verdadera fuerza.
De las sombras de los sarcófagos laterales emergieron las Legiones Silenciosas: guerreros Vástagos que habían renunciado a su humanidad hacía milenios, seres sin ojos que solo vivían para matar. Eran cientos, una marea de pálida muerte que comenzó a rodear a los renegados de Malakai.
Daren, recuperándose del golpe de Elián, observó la escena con una claridad brutal. Vio a Vladmir alzar las manos, preparándose para lanzar un hechizo de aniquilación total sobre el altar, un fuego que no distinguiría entre aliados y enemigos. Los Ancianos ya no querían recuperar a Lyra;