Capítulo 43 — El Retorno de la Lealtad y el Despertar del Veneno
Nora corría por el bosque con los pulmones ardiendo y los pies ensangrentados. La plata aún le escocía en las muñecas, pero el dolor físico no era nada comparado con el terror que sentía por Lyra. Cada sombra en el camino parecía transformarse en un ejecutor Vástago, y cada crujido de las ramas le recordaba la risa cruel de Daren.
Cuando finalmente divisó las torres de piedra del Enclave de los Renegados, sus fuerzas flaquearon. Se desplomó ante los centinelas de la entrada, jadeando, con el rostro cubierto de barro y lágrimas.
—¡Malakai! —gritó con las pocas fuerzas que le quedaban—. ¡Tengo que ver a Malakai!
No fue necesario que la escoltaran. El renegado apareció entre la bruma del patio principal como una aparición plateada. Sus ojos violetas escanearon el estado de Nora y comprendieron la gravedad de la situación antes de que ella pronunciara una palabra.
—¿Dónde está ella? —preguntó Malakai, su voz cortan