Helena había silenciado su móvil por completo para evitar que las llamadas de Abby interrumpieran su cita. Por supuesto que al llegar a casa, tenía varias llamadas perdidas y un sin fin de mensajes de la rubia que comenzaban por hacer preguntas y terminaban con la típica frase:
— ¡Bueno, si no quieres contarme, pues no importa! — Y añadió — Te estás comportando como una desagradecida.
Helena sonrió. Sabía que su amiga no era ácida por gusto, solo era así, lo de chismosa le salía natural. No ib