Pov Leina
Todos dimos un paso atrás en la sala, viendo volar el escritorio que se estrelló contra la ventana, esparciendo vidrios por todos lados.
Deiros y Mara mantuvieron la cabeza agachada, mientras que el informante cayó de rodillas frente al hombre que estaba a nada de transformarse.
—Lo siento mucho, señor…
—Pues a mí no me sirven las disculpas; eso no va a regresarme a más de doscientos hombres muertos y los suministros destruidos.
El pobre mensajero se hizo más pequeño ante el