Pov Leina
Abrí más la puerta y entré, cuidando cada paso que daba.
Estiré la cabeza hacia la puerta abierta, mirando las dos siluetas que se movían en el sillón.
La madancita, bien concentrada, montaba a ese despreciable Alfa, ambos dejando escapar gemidos bastante fuertes.
Sin perder más el tiempo, corrí hasta el escritorio, abriendo cajón tras cajón, buscando algo útil. Todos, papeles sin de importancia, al menos para mí.
Maldije al ver que el último cajón estaba cerrado con llave, pero ya es