Pov Leina
Miraba de forma impaciente la puerta, esperando a que se abriera y él entrara. Había pasado solo una hora, pero algo en mi pecho se agitaba de una forma que no me gustaba.
Miraba las sombras en las esquinas donde no llegaba la luz del día, que ya daba los últimos rayos de sol.
Me levanté de la cama inquieta, caminando de un lado a otro. Podía sentir a sus guerreros afuera y por los alrededores.
—Tranquila, Leina, todo está bien— me dije a mí misma.
—No lo creo— mis vellos se eriz