Pov Leina
Llegamos a un valle de flores que comenzaban a florecer después de varios días sin sol. Sus pétalos están húmedos por el rocío y el pasto verde se extiende hasta las montañas.
—Gracias, Neil— le digo de forma muy sincera, rozando la yema de los dedos por las flores.
Neil tenía razón; venir aquí fue un escape para mi agotada mente. Mis ideas se estaban aclarando y ya por fin sé qué hacer, o al menos tengo un punto de partida.
—Me alegra saber que algo bueno sacaste de mí.
Ambos no