CAPÍTULO 18: MANTENERLA A SALVO
La camioneta avanzaba con prisa, rumbo a la cabaña que Yaro le había ordenado a su amigo que los llevara. El sonido de las ruedas golpeando la grava se entremezclaba con el zumbido del motor, pero Yaroslav solo podía oír su respiración descompasada y el latido descontrolado de su corazón.
Tenía la mirada clavada en el rostro pálido de Cristel, recostada sobre su regazo, tan quieta que a ratos le parecía que había dejado de respirar. Su mano, grande y cálida, aca