CAPÍTULO 24: TENGO QUE IR A BUSCAR A MI HIJA
Ella parpadeó lentamente, y sus labios temblaron. Trató de incorporarse, pero su cuerpo no cooperó.
—No hagas esfuerzos, debes descansar ―tuvo que intervenir, así que colocó sus manos grandes en los hombros de ella para evitar que se levantara.
—No… sé dónde estoy —confesó. ―Realmente no sé quién eres tú y porque estoy contigo.
Sus palabras le herían, aunque por fuera no mostraba ninguna una expresión. Cuando Cristel decía que no lo reconocía, Yaro s