Las siguientes en subir fueron Jennie y Lucia. Oliver observó a la rubia con una sonrisa discreta, pero llena de orgullo. Llevaba un vestido blanco como dictaba la tradición, este era largo, con un cuello redondo y mangas cortas, pero aunque era sencillo y no tenía un escote, se veía preciosa. Los pies de Jennie se hundían en las uvas, aplastándolas con suavidad, mientras el jugo corría por entre los racimos, tiñendo la madera y desprendiendo un aroma fuerte, dulce. Lucia no tardó en unirse, gu