Perspectiva de Kerem
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—Hemos llegado a Londres, señor.
La voz de Harold me arranca del letargo. Con un tono formal y preciso, como siempre. Abro los ojos lentamente, y la claridad del sol atraviesa las ventanas del jet privado, filtrándose como una daga. El reflejo me obliga a entrecerrar los ojos y a bajar la cabeza apenas. Aún me cuesta acostumbrarme a la luz. No es que me duela… es más bien una punzada, una incomodidad constante que me recuerda que volví a ver. Que después de tres años v