Dos semanas después
El sol de la mañana bañaba la mansión con un resplandor dorado. Afuera, ya se escuchaban voces que anunciaban el inicio de la vendimia, el murmullo de los trabajadores que se habían preparado desde temprano y el sonido de los cestos de mimbre siendo acomodados. Dentro de la mansión, Kerem esperaba en su habitación. La camisa blanca que llevaba resaltaba el tono de su piel, el chaleco marrón se ceñía a su torso con precisión y los pantalones negros caían rectos hasta las botas