Guildford quedaba a menos de una hora de Londres. Una ciudad tranquila, con casas viejas y calles estrechas. En una de esas casas, Marla desayunaba. La mesa estaba bien puesta, con platos de porcelana, fruta cortada y café caliente. Aunque la casa por fuera parecía abandonada, por dentro todo estaba ordenado.
Marla cortaba un trozo de croissant mientras hablaba.
—Por culpa de Lena me descubrieron —dijo sin levantar la vista—. Me quitó todo. Quiero que pague.
Odelia estaba frente a ella, co