Ignazio se sentó al borde de la cama y deslizó los pies en sus zapatos. Miró a Luciana que aún estaba en el mismo lugar. Era difícil leer sus expresiones con la poca iluminación de su habitación.
Caminó hasta las ventas y abrió las cortinas. Parpadeó unas cuantas veces para acostumbrarse a la luz y se giró hacia Luciana. Estaba asustado de encontrar temor en sus ojos. Ella le había entregado su confianza y lo menos que quería era perderla porque no había podido distinguir un sueño de la realida