Luciana podía escuchar las voces de Lia y Matteo mientras se acercaba al comedor, aunque no podía entender muy bien lo que decían y tampoco quería hacerlo. Podría tratarse de un tema personal y lo menos que quería era ser una entrometida.
Tan pronto entró al comedor ambos se quedaron en silencio y compartieron una mirada que levantó sus sospechas. No quería adelantarse a sacar conclusiones, pero su actitud era demasiado extraña.
—Buenos días —saludó mientras se sentaba en el lugar de siempre.
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