Se acercaba el viernes, lo veía en cada amanecer y con cada nuevo sol que salía por el horizonte, se aproximaba la fecha de mi siguiente cambio de vida.
Agradecí que Stacy saliera a la escuela más temprano, que se hubiera aseado más temprano, que hubiera también desayunado más temprano y que, en definitiva, no hubiera tenido que atravesarme con ella en la mañana porque estaba segura de que la habría arruinado y era un día con un bello cielo azul que no lo merecía. En cambio, agradecí que Annabe