Tres años después.
Mi espalda se arqueó y mis ojos se pusieron en blanco mientras un placer ardiente se enroscaba entre mis piernas, creciendo con cada lamida desesperada de la lengua de Ethan.
Tenía las manos enredadas en su cabello, tirando de él hacia mí, pero también intentando apartarlo. Sus gruñidos vibraban contra mis pliegues mojados, arrancando de mis labios sonidos imposibles.
Comía como si estuviera hambriento, devorando cada centímetro de mi carne hinchada con labios, lengua y dient