Hablé con voz firme, sin gritar, sabiendo que mis palabras se esparcirían entre la multitud. La voz que me escuché usar ya no era la mía: se había vuelto más áspera, más profunda.
—Este es el hombre al que muchos eligieron seguir. No los mataré por lo que hicieron. No cometeré los mismos errores que él. Las decisiones que lo llevaron a convertirse en lo que ahora yace a mis pies: un cadáver.
Hice una pausa, apretando la mandíbula.
—Aquellos que nunca tuvieron opción, ahora la tienen. Retírense