Al entrar en el consultorio, no pude pasar por alto la manera en que los gemelos me estaban observando y, por un instante, me sentí de vuelta en el salón de clases vacío.
La entrada del padre de Aly relajó el ambiente, que adquirió un matiz tenso por unos segundos. No sé porqué, pero me dio la impresión de que los gemelos se podían leer la mente y parecían estar intercambiando un chiste o comentario obsceno sobre mí. Fue una locura, pero estaba muy prevenida hacia ellos.
Aly no tardó en entrar