El estruendo de las hélices de los helicópteros cortando el aire frío de la montaña no solo trajo el miedo, trajo el detonante. En el búnker, las luces de emergencia rojas empezaron a girar, bañando el rostro de Larissa en un carmesí que parecía invocar la sangre de su pasado.
Camilo ya tenía un rifle de asalto en las manos, mostraba sus colmillos de Alfa, sus feromonas impregnando el aire con un olor a tormenta inminente. Pero Larissa estaba estática. En su mente, los cables sueltos del "Proye