Gael, al ser tan pequeño, no alcanzaba a entender bien lo que estaba pasando.
Cuando oyó que yo ya no lo quería, empezó a llorar y a gritar.
—¡Nooo! ¿Dónde está mamá? ¡Quiero a mamáaaa, buuaaa! —gritaba y lloraba sin parar.
Sus gritos desgarradores hicieron que Bruno, que ya estaba mal, se sintiera aún más desesperado y fuera de control.
Él siempre había sido el que jugaba con Gael, pero nunca lo había cuidado de verdad.
No tuvo más remedio que abrazarlo fuerte y no soltarlo, hasta que el niño,