La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de madera de la cabaña, dibujando líneas doradas sobre el suelo rústico. El aire olía a humedad, a bosque cerrado y a café recién hecho. Amanda llevaba varios minutos despierta, con los ojos fijos en el techo, contando mentalmente las vetas de la madera como si eso pudiera distraerla del peso que sentía en el pecho.
Escuchó los pasos antes de verlo. Firmes. Confiados. Como si aquel lugar le perteneciera.
La puerta del cuarto se abrió sin que él t