PERU
La noche se había adueñado por completo de la cabaña. Afuera, el viento golpeaba con suavidad la madera, y el murmullo lejano de la selva envolvía el lugar con un sonido espeso, casi irreal. Amanda permanecía sentada sobre la cama, con la espalda apoyada en el cabecero y las piernas recogidas contra su pecho. Una lámpara tenue iluminaba apenas el interior, proyectando sombras alargadas que parecían moverse con vida propia.
No dormía, no podía hacerlo. Su mente era un campo de batalla. Cer