Jared no perdió un solo segundo en lamentaciones. El instante en que supo que Amanda estaba en manos de Enzo, algo dentro de él se acomodó en una frialdad absoluta. No era indiferencia; era precisión. Su mente dejó de lado el miedo y el dolor, y comenzó a operar como una máquina perfectamente calibrada. Cada pensamiento tenía un propósito. Cada respiración, un plan.
Lo primero que hizo fue aislar el perímetro del problema. No se trataba solo de una cabaña en medio de la nada; se trataba de ruta