El sonido del llanto resonó por toda la celebración.
Esteban parecía haber recibido un rayo, tambaleándose sobre sus pies. El bastón de Leonor hizo ruido al caeral suelo.
—No... no... mi nieto... —Leonor se hundió en el suelo, su voz áspera.
—¡César... mi hijo... —la voz de Esteban se quebró mientras caía de rodillas ante el altar.
Todos los lobos estaban llorando desconsoladamente, lamentando la pérdida de una vida joven.
Era parte de su naturaleza; cuando un cachorro de la manada murió, todos