Helen llegó a la empresa con una sonrisa que no lograba disimular. Su cuerpo aún recordaba el calor de Ethan, la intensidad de su mirada la noche anterior. El casi beso ardía como un secreto dulce y prohibido, y le era imposible dejar de revivir aquel instante. Entró sonriente, saludó a los compañeros con un gesto animado y siguió hasta su despacho. En cuanto la puerta se cerró tras ella, apoyó la espalda en la madera, respirando hondo, con los ojos brillantes.
—¿Qué fue eso de anoche? —murmuró