Helen seguía perdida en sus pensamientos cuando entró a la ducha. El agua caliente resbalaba por su cuerpo, pero su mente estaba muy lejos de allí.
Moscú… Ella y Ethan… A solas. Las palabras de Zoe resonaban en su cabeza.
“Una habitación de hotel… vodka… y mucha Maroska.”
Helen se mordió los labios, sintiendo cómo el rostro le ardía.
—Maldición. Tengo que parar con esto. Ethan no me ve de esa manera, ama a Miranda y solo somos amigos, ¡nada más que eso!
Pero ¿cómo detenerse cuando, de algún modo, el universo parecía conspirar para que ella y Ethan se acercaran cada vez más? Suspiró profundamente y terminó el baño. Se puso una camisola blanca de encaje y, encima, un batín. Después de todo, estaba en casa.
Mintras se secaba el cabello con la toalla, decidió preparar algo para comer. Pero lo que encontró en la cocina la dejó completamente desconcertada. Ethan estaba de espaldas, cocinando algo en la isla central. Sostenía una copa de vino en una mano mientras intentaba bailar al suave ri