Después de salir del baño, Helen se dejó caer sobre la cama mullida del cuarto de Ethan, soltando un suspiro de satisfacción. El dormitorio, aunque ya no se usaba tanto, conservaba ese aroma tan característico de él: amaderado, intenso y cálido.
—Entonces… ¿este fue tu imperio durante la adolescencia? —preguntó, mirando a su alrededor.
Ethan, apoyado en el armario con las manos en los bolsillos, rió.
—Si por imperio te refieres al lugar donde me castigaban al menos una vez por semana, entonces