Dos meses después
Los dos entraron en el apartamento prácticamente arrastrándose, cargando una cantidad absurda de materiales de trabajo. Ethan, que sostenía tres bolsos —dos de ellos de Helen—, los dejó caer sobre el sofá con un suspiro pesado y, sin ningún tipo de ceremonia, se dejó caer a su lado. Helen se quedó en la puerta, observando la escena con los brazos cruzados y una sonrisa divertida en los labios.
—Ethan, puedes ir a darte una ducha mientras yo preparo algo para que comamos —dijo,