El cielo estaba gris y amenazaba lluvia cuando Ethan y James estacionaron la camioneta en un punto apartado del camino de tierra que conducía al galpón abandonado cerca del Lago Tres Hermanas. El lugar parecía salido de una pesadilla: árboles retorcidos rodeaban la propiedad y el silencio era denso, pesado, sofocante. Ni siquiera el canto de los pájaros se atrevía a romperlo.
Ambos bajaron del vehículo en silencio. Las miradas que intercambiaron no necesitaban palabras: sabían lo que estaban a