La casa estaba, por fin, en silencio.
David dormía profundamente en su cunita, completamente rendido al cansancio de un día lleno de amor, abrazos y risas. El monitor de bebé descansaba en la mesa de noche, con su lucecita azul parpadeando suavemente, señal de que el pequeño emperador de los Carter estaba en paz.
Y allí, en el dormitorio, bajo la penumbra acogedora de una luz cálida, Ethan y Helen se miraban como quien no solo contempla al amor de su vida… sino a su hogar. Ethan estaba sentado