Los días habían perdido el color.
Helen caminaba como quien no quería ser vista, como si el mundo a su alrededor estuviera hecho de vidrio agrietado: un paso en falso y todo se haría añicos. El clima nublado de la ciudad costera donde se había refugiado parecía haberse sincronizado con lo que llevaba dentro. Era como si el universo lo supiera: ya no soportaba ver el sol.
Llegó a la ciudad sin avisar a nadie. Alquiló una habitación pequeña en la parte trasera de una posada discreta, donde el sil