Pasaron doce días desde aquel fin de semana en el lago. Doce días de miradas que duraban un segundo más de lo necesario. De roces accidentales que nadie reclamaba. De silencios que pesaban menos que antes.
Luisa y Erick dormían juntos casi todas las noches.
No siempre hacían el amor. A veces solo se abrazaban, enroscados como dos piezas de un rompecabezas que no sabían que encajaban. A veces solo hablaban hasta que el sueño los vencía: de cosas sin importancia, de recuerdos, de miedos que ningu