La mañana en la oficina de Damián Castellanos transcurría con la calma habitual. Los empleados tecleaban en sus computadoras, el teléfono sonaba de vez en cuando, y el aroma del café recién hecho flotaba en el ambiente. Luisa estaba en su oficina, revisando unos documentos, cuando la recepcionista llamó por el intercomunicador.
—Señorita Luisa, hay una señorita aquí que dice ser su hermana. Insiste en pasar.
Luisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Annie. ¿Qué demonios hacía Annie allí