La noche se había instalado por completo cuando Luisa apagó la luz. La habitación quedó a oscuras, solo iluminada por la luna que se filtraba entre las cortinas. Se acostó de lado, abrazando la almohada, con los ojos abiertos en la penumbra.
No podía dormir.
Cada vez que cerraba los párpados, veía la imagen de Erick encima de ella, apartándole el cabello de la cara, con esa suavidad que no le conocía. "Eres bien bonita", había dicho. Y ella, idiota, había sentido algo. Un cosquilleo en el pecho