La luz de la mañana entraba por los ventanales de la oficina de Erick como un líquido dorado y espeso, iluminando los papeles desordenados sobre su escritorio y las sombras alargadas que se proyectaban en las paredes de madera oscura. La ciudad despertaba a sus pies, ajena a la tormenta que se gestaba en el interior de aquel edificio, ajena a las batallas que se libraban en las sombras del poder y la justicia. El sol de la mañana, todavía bajo, pintaba rayas doradas en el suelo de mármol, mient