La noche había caído sobre la mansión cuando el auto de Erick se detuvo frente a la entrada. El motor se apagó con un susurro, y el silencio de la noche lo envolvió todo. Luisa bajó del auto con pasos lentos, sintiendo que el cuerpo le pesaba más que de costumbre. Las piernas le temblaban, y una sensación de mareo le nublaba la vista, como si el mundo se moviera bajo sus pies. La cena con la familia de Erick había sido un campo de batalla, y aunque había ganado esa batalla, su cuerpo estaba pag