La tarde se había vestido de oro y sombras cuando Erick entró a la habitación de Luisa con una caja en las manos. El sol de la tarde entraba por los ventanales, pintando rayas doradas en el suelo de madera. Sus dedos, normalmente firmes y seguros, temblaron apenas al abrir la caja. Dentro, un vestido color azul medianoche, de tela líquida que parecía capturar la luz y devolverla en destellos de estrellas. El escote era discreto pero elegante, la espalda caía en una curva suave que se extendía h