La mansión estaba en silencio cuando Luisa cruzó el umbral. No era el silencio de la paz, sino el silencio de la ausencia, el vacío que deja la muerte cuando se lleva a alguien que amas, el eco hueco de una casa que ya no es un hogar. Cada rincón de la mansión, cada mueble, cada sombra proyectada por la luz tenue de las lámparas, parecía gritar su ausencia. Las paredes, que antes habían sido testigos de risas y conversaciones, ahora se cerraban sobre ella como una prisión de recuerdos.
El eco d