La luz del sol entraba a raudales por los ventanales del piso ejecutivo, bañando el mármol blanco del suelo con un resplandor dorado que parecía querer disipar las sombras que habitaban cada rincón de aquel edificio. Las cortinas de seda color crema se movían apenas con el aire acondicionado, creando ondas suaves que parecían respirar al ritmo de la ciudad que se extendía más allá del vidrio. El edificio, imponente y frío, era el mismo de siempre, pero ese día algo diferente flotaba en el ambie