El eco de sus pasos resonaba en el pasillo vacío mientras Erick caminaba hacia el ascensor. La adrenalina aún corría por sus venas, caliente y eléctrica, como un río de fuego que no podía apagar. Había entrado en la sala de juntas como un depredador que sabe que la presa está acorralada, había mostrado los documentos con la precisión de un cirujano, había visto el rostro de Damián palidecer bajo la luz fría de los focos. Había sentido el poder que daba saber que, por fin, estaba moviendo las pi